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La población cantábrica de oso pardo está actualmente dividida en dos subpoblaciones separadas geográficamente por un sector de unos 50 km de ancho, por donde discurren importantes infraestructuras de transporte (una autopista, carreteras y una línea de ferrocarril) y donde existen extensas áreas deforestadas. Un aspecto clave en la conservación de la especie recae, pues, en garantizar la comunicación entre subpoblaciones y núcleos reproductores, favoreciendo el flujo de individuos y el intercambio genético

El ‘Manual de Buenas Prácticas para la gestión de corredoras oseros en la Cordillera Cantábrica’, promovido por la Fundación Oso Pardo y editado por el Organismo Autónomo de Parques Nacionales, ha sido elaborado con la participación de numerosos expertos en el marco del Proyecto LIFE + Corredores Oso. Identifica las infraestructuras y actividades humanas que ejercen efecto barrera y describe las medidas correctoras que se están ejecutando para hacerles frente. En el documento se aportan recomendaciones de gestión para conservar y mejorar hábitats adecuados para el oso en el llamado corredor interpoblacional, para reducir los impactos de las infraestructuras viarias existentes y para compatibilizar las actividades de ocio con la conservación de las especies, entre otros. Carme Rosell, de Minuartia, es coautora del documento y ha participado en los aspectos relativos a pasos de fauna y otras medidas para reducir el efecto barrera de las infraestructuras viarias en los corredores ecológicos de interés estratégico para la conservación del oso pardo.

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